Medicina Regenerativa · Pie y tobillo
«El tendón de Aquiles tiene una vascularización limitada. Cuando se daña, no tiene los recursos para repararse solo. El PRP le aporta lo que necesita — pero solo mientras el tendón todavía tiene capacidad de respuesta.»
Dr. Félix López — Cirujano Antiprótesis
El tendón de Aquiles es el tendón más grueso y resistente del cuerpo — pero también uno de los más vulnerables a la degeneración crónica.
La razón es anatómica: en su zona media, a unos 2-6 cm del talón, existe una zona con vascularización especialmente pobre. Cuando el tendón sufre microrroturas repetidas en esa zona — por sobrecarga, por impacto acumulado, por un pico de actividad — el aporte sanguíneo insuficiente impide que el proceso de reparación se complete correctamente.
El resultado es la tendinopatía: un tendón con degeneración interna, tejido fibrótico, zonas de necrosis y pérdida progresiva de la arquitectura de colágeno que le da resistencia. El dolor ya no es inflamación — es el tendón avisando de que su estructura se está deteriorando.
Si no se trata, el proceso sigue. El tendón pierde resistencia mecánica de forma progresiva. El riesgo de rotura — parcial o completa — aumenta. Y cuando se llega a ese punto, la cirugía opera sobre un tendón ya degenerado, con resultados menos predecibles y recuperaciones más largas.
La ventana para actuar con biología tiene un límite. Un tendón completamente degenerado o con rotura parcial extensa ya no responde al PRP del mismo modo que un tendón con degeneración moderada y tejido viable.
El PRP aporta al tendón una concentración elevada de factores de crecimiento que estimulan los mecanismos de reparación que el tendón ya no puede activar por sí solo:
— Estimula la proliferación de tenocitos — las células responsables de producir el colágeno tendinoso.
— Activa la síntesis de colágeno tipo I — el colágeno estructural que da resistencia mecánica al tendón.
— Mejora la vascularización local en la zona hipovascular — más aporte sanguíneo significa más recursos para la reparación.
— Modula la respuesta inflamatoria crónica de bajo grado que perpetúa el dolor sin producir reparación real.
El PRP no reconstruye el tendón de golpe. Reactiva un proceso de reparación que el tendón había abandonado — y ese proceso, una vez activado, continúa durante semanas después de la aplicación.
La zona de degeneración dentro del tendón de Aquiles es visible en ecografía — aparece como una zona hipoecoica, con pérdida de la estructura fibrilar normal del tendón. Esa zona es exactamente donde el PRP tiene que actuar.
Sin guía ecográfica, la infiltración se aplica de forma aproximada. El concentrado puede depositarse en el peritendon o en zonas periféricas donde el tejido está relativamente sano — y donde el efecto biológico será mínimo.
Con guía ecográfica en tiempo real, el Dr. Félix López deposita el PRP directamente en la zona de degeneración, maximizando el contacto entre los factores de crecimiento y el tejido que necesita ser reparado.
El PRP para tendinitis de Aquiles es ambulatorio. Sin hospitalización, sin anestesia general. Extracción de sangre, centrifugación y aplicación ecoguiada en la misma visita.
Tras la infiltración, es habitual un período de mayor sensibilidad local durante 48-72 horas — es la respuesta inflamatoria que el PRP desencadena para iniciar la reparación. Se recomienda reducir la carga sobre el tendón durante esos días.
A partir de la primera semana, retoma la actividad de forma progresiva. La mejoría empieza a notarse entre las 4 y las 8 semanas. Los resultados se consolidan entre los 2 y los 4 meses.
El protocolo puede incluir dos o tres sesiones espaciadas según la evolución — en tendinopatías crónicas de más de 6 meses, varias aplicaciones producen mejores resultados que una sola.
El PRP tiene un límite. Un tendón con rotura parcial extensa o rotura completa ya no responde al PRP del mismo modo que un tendón con degeneración moderada y tejido viable.
En esos casos, el PRP puede seguir teniendo un papel — pero como preparación previa a la intervención quirúrgica, mejorando las condiciones del tendón antes de operar.
Cada semana que pasa sin tratamiento, el tendón pierde capacidad de respuesta biológica.
El PRP no produce efecto inmediato. El proceso de reparación tendinosa se desarrolla a lo largo de semanas.
La mayoría de pacientes empieza a notar mejoría entre las 4 y las 8 semanas. Los resultados se consolidan entre los 2 y los 4 meses.
En los casos con mejor respuesta — tendinopatía de menos de 12 meses de evolución con degeneración moderada — la mejoría puede ser muy significativa o completa.
Lo que mejora habitualmente: reducción del dolor al caminar y al correr, menor rigidez matutina, mejor tolerancia al esfuerzo, reducción del grosor del tendón visible en ecografía de seguimiento.
Lo que no cambia: el tejido muy degenerado o con calcificaciones extensas responde peor. El PRP mejora el entorno biológico pero no reconstruye un tendón con pérdida estructural severa.
Cada semana que pasa sin tratamiento, la tendinopatía avanza y el tejido viable disminuye.
No hace falta llegar al punto de no retorno. Si todavía estás a tiempo, la diferencia entre actuar hoy y esperar seis meses puede ser determinante.
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Consulta Antiprótesis en Madrid
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