Sin calcular cuánto aguantarás.
Sin buscar dónde sentarte antes de que el dolor te obligue.
Sin renunciar a planes porque no sabes si el tobillo te va a responder.
Hay una forma de envejecer veinte años de golpe sin cumplirlos.
Es cuando empiezas a entrar a los sitios buscando dónde hay una silla cerca.
Cuando apartas los planes de viaje porque no los pies aguantarán.
Cuando el paseo con tu pareja se convierte en una negociación sobre cuántos metros más.
Cuando dejas de esquiar, de correr, de hacer deporte — no porque no quieras, sino porque el tobillo ya no te lo permite.
Eso no es vejez. Eso es un tobillo que está fallando.
La diferencia es que la vejez no tiene solución. El tobillo, en muchos casos, sí.
Lo más cruel del dolor de tobillo es que te convierte en alguien que calcula cada paso.
Que ya no es espontáneo. Que ya no dice «sí, vamos» sin pensárselo.
Que empieza a vivir como si tuviera veinte años más de los que tiene.
Si reconoces esto, tu tobillo te está diciendo algo importante.
Y todavía puede que estés a tiempo de escucharlo.
Estas tres pruebas te dan una orientación sobre el estado actual de tu tobillo. Hazlas sin forzar. Si aparece dolor intenso, para.
Baja un tramo de escaleras o una cuesta a ritmo normal. ¿Aparece dolor en el tobillo? ¿Necesitas la barandilla para apoyarte?
Eleva una pierna y mantén el equilibrio sobre la otra durante 30 segundos, junto a una pared por si necesitas apoyo. ¿Hay dolor marcado, inestabilidad o necesitas apoyarte antes de tiempo? Repite con la otra pierna.
Haz el gesto de ponerte en cuclillas para coger un objeto del suelo. ¿Hay dolor o rigidez al bajar o subir? ¿Necesitas apoyarte con las manos?
Guía orientativa. No sustituye una valoración médica.
Si has sentido dolor, rigidez o inestabilidad en alguna de estas pruebas,
hay desgaste. Pero eso no significa que la cirugía o la prótesis sean inevitables.
Significa que hay que actuar antes de que lo sean.
Hay personas que prefieren esperar.
Que toman un antiinflamatorio y siguen.
Que dicen «ya se pasará» desde hace dos años.
Los entiendo. Y no los juzgo.
Pero este proyecto no está pensado para ellos.
Está pensado para los que ya no están dispuestos a seguir cediendo terreno.
Para los que saben exactamente lo que han dejado de hacer desde que el tobillo empezó a fallar.
Para los que tienen claro que su movilidad no es un lujo —es lo que les permite seguir siendo ellos mismos.
Si te reconoces, eres, exactamente, a quien mejor puedo ayudar.
No puedo devolverte los tobillos que tenías a los 15 años.
Pero puedo ayudarte a recuperar gran parte de lo que has perdido.
Y puedo frenar lo que perderías en los próximos meses si no haces nada.
Eso es lo que hace la medicina regenerativa cuando se aplica a tiempo.
No milagros. Tobillos recuperados.
Cuando terminé la carrera, iba para cirujano plástico.
Hasta que me lesioné.
Varias veces. Primero un ligamento cruzado. Dos años después, el otro. Luego el hombro. Tenía 24 años y ya sabía lo que era vivir con dolor y con miedo a no volver a moverme igual.
Por eso elegí Traumatología. Y cuando terminé la residencia, me encontré con demasiadas prótesis innecesarias. Demasiadas personas que podrían haber evitado llegar a ese punto.
Ahí nació la filosofía Antiprótesis.
Con un objetivo claro:
Retrasar durante (muchos) años —e incluso evitar— una prótesis cuanto sea posible.
Un especialista de primer nivel.
Deja tu email y te cuento qué opciones reales tienes para recuperar tu tobillo antes de que el deterioro deje secuelas permanentes.
Un correo al día durante dos semanas. Solo la información clave para que puedas decidir con criterio qué hacer con tu lesión.
Si ya lo tienes claro
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